El intercambio de pareja

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«El sexo entre dos es hermoso, pero entre cinco es fantástico». Woody Allen

El término Swinger significa “El que se columpia” y es como se define a las parejas que practican intercambio con otras parejas. Hoy queremos hablar de ello en el Blog, pues nos parece un tema muy intersante. ¡Vamos allá!

Para empezar, vamos a contextualizar. ¿Qué es el fenómeno swinger? En un artículo de 2011 publicado en el periódico El País nos lo cuentan:

Se trata de una tendencia que surgió en EE UU en los años cincuenta del siglo pasado vinculada a locales privados y anuncios de contactos. En España aterrizó a finales de los setenta y hoy existen 54 clubes de este tipo. Los swingers son personas de 30 a 50 años, clase media-alta, matrimonios que han perdido la chispa o buscan ampliar su abanico de encuentros de forma consentida y sin contraprestación.

En otro artículo, en este caso de ABC, conocemos el caso de una pareja. Ana y Roberto, que cuentan como viven ellos el intercambio de parejas que realizan varias veces al mes.

Para empezar, están las reglas del juego:

“Es vital que la pareja entre por la puerta con un acuerdo de mínimos, sabiendo lo que están dispuestos a hacer y lo que no”, señala Roberto.

En su caso, solo existe intercambio si los dos quieren y deben permanecer siempre en contacto. Si en algún momento alguno no se encuentra cómodo, se detiene el proceso.

“A veces te obsesionas con una persona, pero si te la encuentras aquí, realizas el deseo y la fantasía desaparece” afirma Ana.

En los locales de intercambio también hay reglas, por supuesto. El principal: el respeto. Un “no” es un “no” es la regla sagrada en este tipo de encuentros.

La pareja mantiene en secreto esta manera de vivir su relación porque aseguran que nadie lo entiende.

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Según este artículo,

Cada vez son más numerosas las páginas que ponen en contacto a parejas de swingers a través de internet y que contrastan con el ambiente de los locales.

Resulta interesante descubrir cómo este tipo de prácticas ya eran frecuentes en épocas tan lejanas como la antigua Grecia, donde

Las fiestas y las comedias celebradas en honor al dios Dionisos se caracterizaban por el erotismo. Las orgías se desarrollaban en la noche del solsticio de invierno, en la que hombres y mujeres se disfrazaban de sátiros y ninfas. En ellas, «más de uno se atrevía a indagar en inéditos caminos de la sexualidad que en circunstancias normales nunca hubiera soñado recorrer», como asegura el escritor Juan Eslava en su obra Amor y sexo en la Antigua Grecia. Todo por la diversión.

Según los sexólogos, el intercambio de parejas puede ser beneficioso en algunas parejas:

Es una opción. La mayoría no la elige, solo lo hace entre un tres y un cinco por ciento de las parejas, pero todas tienen esa posibilidad.  Los dos deben ser maduros y tener mucho cuidado con los elementos que matan la relación: los celos y la culpa.

En un artículo encontrado en Terra.es nos hablan de algunas de las desventajas de esta forma de entender la pareja:

El problema que se puede plantear en este tipo de experiencias es que uno de los miembros de la pareja no sea tan proclive al intercambio como el otro, y lo haga un tanto forzado por las circunstancias, para conservar la relación. En tales casos, no disfrutará tanto de los intercambios y terminará rompiendo la relación o sufriendo.

Lo más frecuente es que sean ellas las arrastradas por sus esposos a este tipo de experiencias. De ahí que antes de lanzarse a este tipo de relaciones una no debe albergar ninguna duda de que lo desea de verdad. En caso contrario, la idea de evitar la ruptura, consintiendo, se vuelve en contra y termina por lograr lo que se deseaba evitar.

Otro de los problemas posibles en el intercambio de parejas es que este tipo de encuentros no siempre está exento de celos. Puede suceder que uno de los cónyuges compruebe que el otro tiene más éxito que él mismo y se muestre hostil por ello; sobre todo si fue él quien propuso el intercambio.

La psicóloga Carolina Hasbún (fuente) afirma que, para que una pareja se convierta en swinger:

Más que madurez, hay que tener claro lo que se está haciendo. Si yo sé a lo que voy, estoy de acuerdo y quiero hacerlo, no deberían producirse sentimientos como los celos, la desconfianza, la ira o las agresiones. Las acciones a realizar estarán bien en la medida en que no se provoque daño ni a la pareja, ni a uno mismo ni a los demás.

Además, hace un apunte muy intersante:

Los seres humanos siempre necesitaremos de espacios donde cada uno pueda manifestar sus distintas instancias psíquicas, diferentes maneras de ver y entender las cosas. Es necesario que haya estos espacios, pero obviamente con respeto y sin agredir a nadie, incluyéndose a uno mismo.

Antes de despedirnos, os dejamos con un documental sobre el tema 🙂 Y ya sabéis que, como siempre, esperamos vuestras aportaciones en el blog:

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